Las estafas telefónicas y virtuales que se organizan desde cárceles se convirtieron en una preocupación creciente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Según denuncias y relevamientos recientes, se registran alrededor de 50 casos por día, con víctimas que pierden dinero tras caer en engaños planificados desde unidades penitenciarias.
Las maniobras suelen realizarse mediante llamadas telefónicas, mensajes o redes sociales. Los delincuentes, muchas veces con teléfonos celulares dentro de las cárceles, se hacen pasar por empleados bancarios, familiares en problemas o supuestos funcionarios para generar urgencia y convencer a las víctimas de entregar datos personales o realizar transferencias.
Las investigaciones judiciales indican que estos fraudes funcionan con una estructura organizada, en la que algunos presos coordinan las comunicaciones mientras cómplices en el exterior reciben el dinero o retiran los fondos de cuentas bancarias y billeteras virtuales.
Especialistas en seguridad advierten que el fenómeno creció en los últimos años y que afecta principalmente a personas mayores o usuarios con poca experiencia digital, quienes suelen confiar en los relatos de emergencia que utilizan los estafadores.
Ante esta situación, autoridades y especialistas recomiendan no brindar datos personales, claves bancarias ni códigos de verificación a desconocidos y verificar siempre cualquier pedido de dinero o información antes de responder.











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